A mí me encanta esta época en la que se esboza un inminente verano, en la que el sol pica un poco la piel pero sin quemar, en la que sentarse delante del mar a pensar puede trasladar el espíritu a un lugar lejano, pacífico, donde no existe el tiempo, donde la conciencia se evade de los quehaceres diarios... Un elixir con olor a sal que embauca a los sentidos y nos anuncia la nueva estación en la que, con suerte, seremos un poquito más felices.
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